sábado, 20 de septiembre de 2014

Eréndira y su abuela no tan desalmada

Por Gloria Macedo  

Quizá sea por el cariño que le tengo a esta obra de García Márquez que fui a ver la puesta en escena con muchas expectativas. Y el resultado fue que no me gustó tanto como hubiera querido. 

La joven actriz que interpreta a Eréndira, es cándida, sí, pero no logra la compasión del espectador. Ella es casi inexpresiva, y el "sí, abuela" que repite no basta para creerla una víctima, como me parece que sí lo logra la protagonista literaria. 

Y la abuela, ¿es realmente desalmada? Sí dice las frases duras que están en el texto, pero ¿eso alcanza para odiarla como se merece?

La obra se lleva a cabo en el calor del desierto, Y es en ese mismo escenario, verosímil, creíble, donde, aparentemente, Eréndira conoce el amor. Ulises es el nombre del viajero, un niño, que viene a su rescate, a pesar de que ella no se queja, no sufre. 

Algo que sí me parece un logro, a parte de los cánticos insertados, es la presencia de ese personaje que huele a mala suerte. Siempre está presente e, incluso, Eréndira se abraza a él. En medio de la sala hay un círculo que, cuando da vueltas, simula el paso del tiempo. En este se recrea la escapada final, quizá la mejor escena de la obra.

Se presenta en el Teatro Británico de Miraflores (Lima). 





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