martes, 30 de septiembre de 2014

Perú: asalto al vacío

Por: juan cristóbal














Perú: asalto al vacío
(ensayo desde la ceguera)



                                     

El Perú es un país de vocación carnicera

                                                                                  MANUEL SCORZA

Siento que el país, el Perú, se parece a esas estaciones de trenes abandonadas en provincia, que sus sueños, jubilados, ya no nos pertenecen, que su destino es la carta de un náufrago donde no hay ningún mensaje o escritura, por eso les envío este ramo de flores, un poco marchitas, para ponerlas en algún cementerio, tal vez en el mío.

(primera parte)
PERÚ (1)
siempre llegamos al mismo río, al mismo viento, es como si viéramos películas mudas mientras abrazamos una sombra que se parece al vacío, ¿hasta cuándo, dios mío, esta misma ausencia, esta misma intención de ofrecernos agua y darnos veneno, muerte, desapariciones, genocidios? y después decirnos, con su verdadero rostro escondido "vendrán nuevos días, nuevos vientos y todo lo sabremos".

PERÚ (2)  
estamos en el campo, en la ciudad, y hace mucho que sólo vemos manicomios, asilos, cárceles, maníacos depresivos, alcohólicos sin remedio, hablándonos desde una línea telefónica que no existe y de la cual no escuchamos palabra alguna, sólo vemos al joven psicópata arrojándose al abismo descifrando mensajes que no entiende, ni entenderá porque ya las golondrinas se llevan su alma a un sitio donde sólo hay alambres con púas.

PERÚ (3)
trato de descifrar los mensajes que me manda el viento, historias que me llegan de los hermanos hospitalarios, de las monjas que siguen contando tréboles de 4 hojas en sus claustros envenenados, trato de saber que es el suicidio, donde hallar una tarjeta postal que me diga "todo esta bien, no te preocupes", pero ni parientes, ni gatos existen, todos estamos dispuestos a aceptar la negra terapia.


PERÚ (4)

ya solo me queda saludar y recordar a los amigos que han muertos solos y abandonados, a los que sufren de cirrosis o tuberculosis en las cárceles negras de las calles vacías, a los niños mongólicos que sólo les dan clonazepam para dormirlos para siempre, ¿y qué hace la virgen maría, los ángeles de la guarda que se dedican a custodiar castillos de arena, los santos que siempre están con su sonrisita de yeso en las iglesias abandonadas? todos miran, en silencio, el vacío.

PERÚ (5)
¿será cierto que los militares de alta graduación, los obispos, los congresistas y ministros serán dados de baja? ¿que el presidente se quedara en su casa contando los calendarios del año pasado junto a su esposa vestida de rojo-amarillo? no, hombre, es hora de dormir, y todos los sueños se vienen como hijos abandonados, como calaveras inevitables, como los electroshoks que estamos, tranquilamente, esperando.

PERÚ (6)
tal vez ya no vea los rostros que vi cuando era muchacho y quería ser el partícipe de las acciones, de todas las acciones, tal vez no veré nuevos días y seré olvidado sin dudas, ni murmuraciones, ni recuerdos, tal vez ya no vea al sol salir o a la lluvia caer sobre los tejados de las casas deshechas, tal vez me canse de todo, de ir de un lado al otro con la sola mirada, tal vez me aburriré de ustedes, de mí o de todo el mundo, tal vez no recuerde lo que me enseñaron en la escuela y solo me queda vivir la historia del presente, tal vez les escriba este pequeño correo y les diga que no me interesa recordar nuevos rostros, nuevos días y me aburra mirar el sol o caer la lluvia en los tejados inhallables de la casa.

PERÚ(7)
ya no hay tiempo, el tiempo se ha borrado, todos los calendarios se han quemado, es hora de dormir, de abandonarse en los abismos, de mirar las estrellas y ver sólo crucifijos, pero despierto, y no sé qué hora o día es, mi sueño era una lluvia de balas que salían de una película de ladrones y vecinos, ya nada tengo que hacer en este mundo, ni siquiera ver crucifijos ametrallados, calendarios quemados, llaves que no abren ninguna puerta, puertas que no nos dejan salir y tampoco entrar a recuperar el olvido o la lluvia.

PERÚ (8)
trato de salir de este bosque, de tantas hojas amarillas, de infinitos eucaliptos impidiéndome el paso de soñar con la bella durmiente, trato de no mirarme en el espejo, pues veré un nuevo rostro, feo y con innumerables dolores de cabeza, me compraré una pistola: pero el final es conocido: despedirme del sol y de las aguas y seguir silbando esa canción que ya no le agradan ni siquiera a las conocidas golondrinas.

PERÚ (9)
¿desean que les cuente una película o que les cante una canción que habla de espejos escarchados? ¿qué desean en esta noche donde nadie habla, ni mira, ni hace preguntas? alguien me murmura al oído que acabo de recibir una carta de una ciudad fortificada, donde el odio y la envidia predominan, la abro, es cerca de las dos de la madrugada, no he bebido, pero pensaba volar como un murciélago, y leo que nadie me recuerda, ¿entonces por qué me escriben esta carta? seguramente para no terminar mi vida en un tierno y certero balazo.

PERÚ (10)
una mujer me para en la playa, me dice ¿quieres hacer el amor? pero no la escucho, creí que eso me decía, tal vez porque el viento no traía ninguna llovizna y el sol trataba de salir y las persianas estaban abiertas de las casas, pero ahora recuerdo, soy libra y los libras somos un poco llorones, como todos los signos del país, que están llenos de magos y chamanes, pero sobre todo de astrólogos ambulantes, que no saben inventar ninguna superstición.

PERÚ (11)
una vez escribí “no tengo pan, ni abrigo, salvo el de mis sueños”, pero ahora no tengo ni siquiera eso, amigos con quien tomar una copa, amigos que ya no vuelven a la ciudad o al pueblo donde nos encontrábamos y hablábamos de las malas compañías, lo que sucede es que nosotros nos hemos vuelto malas compañías y ya no tenemos nada que decir, ni preguntarnos, ni mirar a las higueras, sólo cantar o ir al cine para que nadie nos sueñe o nos traten peor que hierbas venenosas.

PERÚ (12)
me persigno, veo las estrellas que ya no ven ni siquiera la sombra de mis pasos, voy al río, converso con los mendigos, algunos sangran porque los comisarios les han pegado, beben como si miraran sus últimas auroras, es que saben que todos los días tienen los techos amarillos y que también hay acantilados donde escribir, en el aire, sus nombres.

PERÚ (13)
ya nadie ama a los gatos, sólo a las sombras de la iglesia o a los trenes descarrilados en verano, ni los perros tienen nombre y menos los jóvenes que han muerto ahogados en el río, lo curioso es que nadie guarda silencio, un minuto apenas de silencio, y parece, también, que los árboles no crecen y ni siquiera saben que pueden entenderse si se tocan sus raíces, como decía un amigo, que jamás tuvo edad, porque se parecía a las huellas de las nubes cuando se iba a mirar al mar y vivía como los guijarros en el fondo solitario de los pozos.

PERÚ (14)
nadie se enamora, nadie habla de la hija del vecino, todos miran el incendio de las plazas, a los curas que no creen en dios pero les gusta bautizar a los hijos de los ricos, en las bodegas nos regalan unas oxidadas monedas para ir a comer debajo de los puentes, donde los amos han expulsado a sus perros y en las mañanas siempre se escucha agonizar los sueños de las rosas.

PERÚ (15)
 sabía que jamás vería brillar una mañana, reverdecer los pasos de la infancia, sabía que mi voz ya no podría llamar por su nombre a las estrellas, que todo me sería misterioso, que jamás volvería a soñar con el sol alumbrando las higueras, y ahora que mis muertos no me aman trato de resucitar, silbando, sus ausencias, pero es en vano, todos me han dejado preguntando por el vacío insoslayable de mi nombre.

(segunda parte)

PERÚ (16)
no te veo, pero estás detrás de todos los puentes, al final de los vidrios que han rotos los vientos, en esa capilla donde alguna vez me bautizaron y se cayeron las hojas, en esos frutos que siempre se comen a pesar que no se sabe en la estación que nacieron, tu tiempo ya no es la conversación con las aguas, sino con ese gusano o invisible abejorro que zumba, como un zombie,  deslumbrando a las nubes.


PERÚ (17)
me encanta saber que tu olor a café se parece a las olas que naufragaron en años antiguos, que tu herida no es siempre una victoria, sino el olor del mendigo que no soporta los días y menos los domingos en calma, que la locura de tu vida se difumina entre los rayos del sol y los ciegos que piden limosnas, por eso es que viajas olfateando la tierra y no celebras sino la llegada de una lúgubre y tonta mañana.

PERÚ (18)
¿quién ilumina mi alma? ¿quién la huella de las aves sin nombre? no me hables de cantos con olor a ganado, con surcos que traza el olvido, con cunetas donde alguna vez me caí y no supe responder quién me había trazado la curva enferma olvido, déjame en mi casa sin vigas y que el río siga corriendo, por mis ojos, hasta que el día que no encuentre la gloria.

PERÚ (19)
en medio de todo las flores nos llaman, por eso, antes de entrar a los puertos, ciudadano sin sueño respira, profundo, para cuando caigas al pozo, recuerda que nadie canta al silencio, ni al silencio del muerto, que cada espiga o pedazo de tierra es una vieja linterna que ya no alumbra esas viejas raíces, ni los caminos llenos de barro.

PERÚ (20)
todo lo que digas no es verdadero, la única verdad es esa débil columna de humo que se eleva detrás de los alicaídos follajes donde alguna vez conversaron los sueños y nada se dijeron, a pesar del vuelo atrapado de las gaviotas en una rosa llena de rocío

PERÚ (21)
¿y qué hacemos con las nuevas cosechas, con el tedio que se alza descubriendo los rostros perdidos en el agua, con las alegrías humildes de saber que ya no podemos respirar sin lanzar cantos perdidos al aire? ciertamente los cercos se pudren y da lo mismo entrar que salir en la noche, mientras el sol, con una indiferencia que mata, no sirve para nada.

PERÚ (22)
tal vez nunca debimos saber que existías, que podías ser una inicial grabada en el pecho o ese poco de viento que ayuda a soportar los golpes que nos entrega la noche, pero la historia es como esa puerta que no se cansa de luchar contra el viento que no pasa y que nos descubre, desde sus más míseros escondrijos, nuestras últimas y amadas palabras.

PERÚ (23)
volveré a ver la oscuridad de los días, a escuchar a las luciérnagas que no encienden su luz en la noche, a ver esos viejos y antiguos epitafios que parecen flotar en las hogueras del bosque, no me cansaré de repetir: es preferible viajar como un loco que detenerse en el desierto a mirar las ortigas, en esas casas destrozadas, donde el día no alcanza a escuchar a la niebla rodeando mi imagen.

PERÚ (24)
todos están en su sitio, nadie se ha movido del cielo, así suceden los días, así nos alcanza las nubes, las estrellas que no llegan, pienso que no pertenecemos a nadie y que ningún lugar habrá de pertenecernos al final de los bosques, solamente somos un leve reflejo de ese gorrión que no tiene lenguaje.

PERÚ (25)
no hay nadie en la calle, las sombras se pierden en la niebla y en las antiguas heladas, afuera nadie nos mira, nuestros pasos o destino no importan, el agua se evapora en la tarde como nuestro aliento cuando llegamos a mirar nuestras almas que se detienen camino a los cerros, lejos está la sonrisa y esas estrellas que nos ofrecieron cuando nuestra infancia trataba de encender todas las velas mientras todos los gorriones, agonizando en el sueño, trataban de iluminar los lagos inservibles del  futuro.

PERÚ (26)
ya nada tiene sentido, nuestras conversaciones no han sido más que una imagen innombrable, unas cuantas palabras sin sentido, ahora sólo nos queda esperar que el otoño no llegue, que la mentira se quede a mitad del camino, que la memoria huya, de sí misma, al secreto, sólo así podremos amar por un instante las hojas que caen del muro y ser lo que siempre quisimos ser: un silencio atrapado en la orfandad de la hierba.

PERÚ (27)
¿puede existir algo antes o después del silencio? ¿de una aurora llena de pétalos caídos? ¿qué puede existir en ese mar de cenizas donde los cielos no existen, dónde los amigos pierden el caminar del olvido? algo se puede hacer a pesar de parecer siempre convalescientes: encender un poco de fuego y esperar, en silencio, las heladas.

PERÚ (28)
y así pasan las tardes, la lejanía de esas casas desiertas, el tiempo cruel de la ciega memoria, así crecen los niños, las telarañas en las ventanas calladas, así dan las horas los relojes de las paredes ocultas, pues nada se enciende bajo el nogal de nuestras tristes miradas.

PERÚ (29)
envejeceremos, nuestro destino es envejecer y no hablar una sola palabra, ni escribir una sola letra en el agua, ni mirar nuestra sombra moverse en la noche, nuestro rostro está impedido de buscar alguna estrella movida por el viento, descubrir algunos cerezos en esos patios donde no brilla la aurora, nuestros destino es envejecer y mirar que las hojas se detienen cuando la niebla rodea la casa.

PERÚ (30)
vamos hacia un lugar que no conocemos, a un camino donde nada se ve y todo se pierde, incluso nuestros nombres, en ese lugar dicen que crecen manzanos, que el sol brilla pero que es el sol de las épocas pasadas, de épocas que nunca hemos visto ni vivido, ¿quién dará fe de todo aquello, si todo yace bajo las higueras del patio? tal vez las cenizas nos digan algo de las tardes oscilantes o los abismos nos invadan la oscuridad de nuestros sueños, pero algo será en esta tierra de nadie, donde nos dirigimos, entre susurros y mudas palabras, a un lugar que no conocemos, a un camino donde nada se ve y todo se pierde, pero cansado de luchar contra las penumbras enloquecidas del viento.

(Lima, 27 de setiembre, 2014)
  

    

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